Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

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Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

lunes, 12 de noviembre de 2012

Argo

 ARGO: Una Historia de Cine Argojonante
Los hechos históricos
Argo documenta un episodio desconocido durante décadas que transcurre en la crisis de la toma de rehenes estadounidenses en Irán. El 4 de noviembre de 1979, cuando la revolución iraní alcanzaba su punto crítico, algunos militantes jomeinitas irrumpieron en la embajada de Estados Unidos en Teherán y tomaron 52 prisioneros. Sin embargo, en mitad del caos, otros seis logran escapar y encuentran refugio en casa del embajador canadiense, Ken Taylor.
El Departamento de Estado comprende que, si son descubiertos fuera de la embajada, esos seis fugitivos serán ejecutados. Un especialista de la CIA, Tony Méndez propone entonces un extravagante plan de huida. Tras el rodaje de Star Wars en Túnez, otras películas de ciencia-ficción se estaban rodando en escenarios exóticos. ¿Por qué no introducirse en Irán y convencer a las autoridades islámicas de que los seis evadidos forman parte de un inocente equipo de filmación canadiense?
Por medio de su supervisor, Jack O'Donnell, Méndez entra en contacto con el maquillador John Chambers –el caracterizador que diseñó las máscaras de El Planeta de los Simios y las orejas de Mr. Spock–, y ambos crean una compañía junto al productor Lester Siegel. De ahí en adelante, la producción de una falsa película, Argo, se convierte en la tapadera de esta peligrosa operación de inteligencia.
El guión está basado en los hechos reales contados en el artículo de la revista Wired “The Great Escape: How the CIA Used a Fake Sci-Fi Flick to Rescue Americans from Tehran", escrito por Joshuah Bearman, y en un capítulo de “El maestro del disfraz: mi vida secreta en la CIA”, obra del propio Antonio J. Méndez, protagonista de la historia que nos ocupa.
El contexto histórico
Para comprender el contexto en el que se relata la trama de “Argo” conviene hacer un repaso histórico de los hechos transcurridos en las décadas anteriores en Irán.
Y de eso es de lo que se encarga Affleck en los primeros minutos de la película. Mediante un breve prólogo nos resume, a grandes rasgos, cómo los estadounidenses (y también los británicos, que no se nos olvide) lograron expulsar del poder al primer ministro Mohammad Mosaddeq (que pretendía nacionalizar los recursos petrolíferos del país, cosa que no agradaba lo más mínimo a países dependientes del petróleo como EE.UU.) y cómo ayudaron a Mohammad Reza Pahlevi a convertirse en emperador o Sha de Irán, iniciándose así una serie de reformas que transformarían el país al gusto de sus nuevos “amigos” políticos.
Al tiempo que el Sha se enriquecía a base de bien, gran parte del pueblo se empobrecía, originando con ello un descontento masivo que, por supuesto, el gobierno trató de frenar con mano férrea.
A finales de los 70, la situación se hizo insostenible, con crecientes manifestaciones y continuas represalias por parte del poder policial del Sha, quién a principios de 1979 acabaría huyendo exiliado en vistas de la inminente revolución que se le venía encima y es acogido en EE.UU.
La sublevación del pueblo hizo crecer las protestas hasta llegar a la capital, Teherán, en donde se encontraba la Embajada de Estados Unidos. Justo ahí comienza la historia que se nos cuenta en “Argo”. El secuestro de los trabajadores de la Embajada causó enorme conmoción en el mundo entero y, en especial, en la sociedad norteamericana. La mayoría de los rehenes _52 de los 66_ en el interior de la embajada fueron finalmente liberados, no sin dificultades, de forma diplomática tras 444 días de cautiverio. De hecho, 13 de ellos, las mujeres y los afroamericanos, fueron liberados antes y otro, un poco más tarde que éstos, por enfermedad. No obstante, el mayor problema, sin embargo, no residía en estos rehenes en el interior de la embajada sino en los seis que habían conseguido escapar en el mismo momento del asalto a la embajada y que corrían el peligro de ser ejecutados ipso facto en el caso de que los revolucionarios iraníes diesen con su paradero _a ellos y a los diplomáticos canadienses que arriesgaban sus vidas dándoles cobijo_.

Una película de ficción para una historia real
El comienzo de Argo es una maravilla. Tras una introducción en la que una voz en off nos narra de forma breve pero concisa la historia de Irán, somos trasladados al país de Oriente Medio en los convulsos finales de los años 70 y son unas escenas rodadas de tal forma, que se palpa la tensión y la sensación de peligro que sufren los protagonistas, que te atrapan y donde ya nos damos cuenta de que estamos ante una película que merece la pena ver.
Todas las estrategias que la inteligencia americana propone tienen pocas posibilidades de llegar a buen puerto, hasta que el experto en “exfiltraciones” Tony Mendez pone su disparatado plan sobre la mesa: aterrizar en Irán haciéndose pasar por productor de cine y lograr que los seis finjan ser un equipo de rodaje canadiense en busca de localizaciones para una exótica película de ciencia-ficción (una space opera al estilo Flash Gordon), para después marcharse del país en avión, como si tal cosa.
Suena de locos, pero no hay un plan mejor. De hecho, éste es el plan “menos malo” que tienen entre manos. Así que le dan el visto bueno, y arreando que es gerundio.
La cinta continua después por donde había venido y el thriller vuelve a hacer acto de presencia, donde se representan los tejemanejes de la política americana, centrada en este caso en su agencia de espionaje y dejando también hueco al papel del presidente Jimmy Carter, quien se lleva sus minutos sin pena ni gloria.
Sin maniqueísmos
Pese a lo que pueda parecer, la película carece del maniqueísmo habitual de los films de las grandes corporaciones. Pese al claro trasfondo político, evita posicionarse sobre el conflicto exponiendo los hechos históricos de forma veraz, concisa y objetiva, permitiendo así que el espectador reflexione y juzgue por sí mismo.
Es cierto que los americanos son los héroes de esta historia con final feliz _héroes en la sombra durante muchos años hasta que se archivó el caso_, y así se refleja en esta recreación _sin olvidar el apoyo canadiense, de incalculable valor_, pero ni mucho menos son los buenos de la película, por así decirlo.
Como hemos señalado el inicio, a modo de introducción, ya narra al más puro estilo cómic, la discutible actuación del Gobierno americano en lo que respecta a cómo impusieron un dictador en Irán y le dieron apoyo cuando fue derrocado. Ese pequeño inciso es fundamental para comprender el contexto en el que se mueve la trama y mirar con otros ojos el resto de la historia. Se recuerda por qué se originó el malestar en la comunidad iraní, quién estuvo detrás del Sha apoyándolo primero y protegiéndolo luego. Claro que eso tampoco justifica secuestro o asesinato alguno por parte de la milicia, por lo que aquí tampoco es cuestión de discernir entre “buenos” y “malos”.
Una historia de cine
Resuelto con nota el tema histórico, quedaba el lado más puramente cinematográfico. Y aquí el resultado es sobresaliente. En ningún momento decae el ritmo; la intensidad y las emociones están a flor de piel y la tensión sólo se corta en determinados momentos muy bien elegidos donde el humor toma su lugar y da un respiro al público
El primer gran acierto es esa misma breve introducción al clima político de Irán previo al ataque a la embajada americana en Teherán. Con una sencillez inusitada se nos introduce en la acción evitando demonizar a la masa enfurecida a las puertas de la embajada, un punto clave para no desvirtuar la historia que nos cuentan, ya que muestra a los iraníes con derecho a reaccionar así ante todo lo que proceda de Estados Unidos.
El tempo es perfecto: la presentación al público de los antecedentes, las opciones de rescate, los preparativos, el caldeado ambiente en las calles de Teherán, las dudas de la administración Carter, la vida en la embajada canadiense... El riesgo de tomar este caso particular y dejar orillada la gran crisis de la embajada americana se sortea, por tanto, con éxito.
Quizá el clímax es excesivo, muy exagerado y previsible, pero en general tenemos una de esas grandes producciones que muestra un asombroso respeto por la tradición de narrar una historia con las mínimas florituras y el máximo impacto.
El guion es sumamente perspicaz y sabe ser crítico con lo ajeno y lo propio, imprimiendo unos diálogos en muchos de sus personajes donde todos se llevan lo suyo, desde la CIA, los gobiernos occidentales culpables de quebrar gobiernos para llegar a acuerdos que siempre les benefician a ellos, hasta una crítica feroz a la meca del cine, donde uno de sus grandes aciertos es ese tramo en la mitad de la película en la que con gran sentido del humor se dedica a caricaturizar a la industria de Hollywood y sus grandes estudios.
Toda la parte en la que Méndez debe hacer creíble el interés de un estudio de Hollywood en busca de localizaciones en Irán para rodar allí una película de ciencia-ficción es, simple y llanamente, perfecta. Y nos regala, de paso, una ácida crítica al mundillo hollywoodiense de la mano de dos personajes descacharrantes: John Chambers, un famoso artista de maquillaje y amigo de Mendez; y Lester Siegel, un deslenguado director en horas bajas con unos diálogos que no tienen desperdicio.
Estas gratificantes notas de humor son un contrapunto perfecto a una historia, en realidad, bastante seria, siendo especialmente memorable el juego de palabras que establece con el título de la misma ( Argofuckyourself!).
Pero es que el plan verídico de Mendez resulta tan descabellado, que la película debe contagiarse irremediablemente de esa excentricidad latente. De hecho, es una de las claves por las que la cinta se convierte en una propuesta excitante y equilibrada.
A partir de ahí, Affleck juega con las posibilidades de la historia para jugar con diferentes géneros y así no saturar al espectador con la trágica situación que nos cuenta. Es por ello que la aparición de la comedia no es una concesión, sino la única opción realmente válida para la película inexistente que su personaje ha de sacar adelante y también para valorar el resto de delirantes propuestas para sacarlos de Irán.
Siendo la combinación de drama y  thriller la que domina el tramo final de la “gran evasión” resulta sorprendentemente intenso incluso a sabiendas de conocerse el desenlace: no se renuncia a algunas de los típicas “argucias” cinematográficas por excelencia (vehículos que no arrancan a la primera, por ejemplo) que permiten aumentar el nivel de tensión y suspense.
La documentada recreación histórica
Affleck no se limita a reconstruir un incidente poco conocido con todo el realismo histórico posible. Va más allá.
Si hay algo que le da Argo otro punto más de veracidad es la impresión de que realmente estamos en la década de los 70, con un mimo por el detalle absolutamente admirable: el salto de la verja de la embajada, las calles encendidas de protestas de Irán, el ahorcado de la grúa, la quema de la bandera americana, los trajes, los cuellos de las camisas, la decoración en casas y oficinas, los bigotes y cortes de pelo, las enormes gafas, la banda sonora o la presencia del tabaco en todos los ambientes, hace que nos traslademos a aquella época, un retrato elegante, cuidado y al que siempre se le nota la intención de ser preciso con respecto a los hechos que está narrando y aunque la imagen del pueblo de Irán puede resultar algo parcial no se le puede negar al director que quiera contar la historia con la mayor exactitud posible, siendo crítico con ambas partes, consiguiéndolo en su mayor parte con creces.
Dejando eso a un lado, Affleck se confirma como un director hábil en el manejo de la cámara (a destacar cómo filma a lo Greengrass en medio del alboroto inicial a las puertas de la embajada para captar el bullicio imperante, para luego enderezar la cámara a medida que el plano se eleva por encima de la muchedumbre) y con una gran capacidad narrativa y escenográfica que aquí se tornan fielmente documentalistas en muchas ocasiones (las comparaciones fotográficas durante los créditos finales dan buena cuenta de ello).
Sin embargo, sería injusto olvidar el acertado toque visual gracias al tremendo esfuerzo de Rodrigo Prieto para dotar a cada realidad de la película de un tono visual característico, ya que hay sutiles diferencias entre las escenas en la CIA (más pulcro, colando perfectamente como algo mucho más actual), Hollywood (donde su busca que se note lo máximo posible el año en el que se ambienta la acción) e Irán (con más grano y buscando un mayor realismo).
Aquí entraría también una mención a la acertada recreación física de todos los implicados con respecto al original real, algo que se recuerda abiertamente al espectador durante esos títulos de créditos finales.
Mención especial merece la labor interpretativa. Tanto como John Goodman como Alan Arkin en su papel de productores ficticios, están fantásticos. Caso aparte merece el propio Ben Affleck como agente de la CIA. Es el único que se aleja de la acertada caracterización física del reparto. Del pequeño y enclenque hispano Tony Méndez al fornido y apuesto blanco Affleck media bastante. El musculoso de gimnasio no existía en la época y menos con chaqueta de coderas. Se ha limitado a usar el recurso de dejarse crecer la barba y tener un aspecto algo más desaliñado de lo habitual. Es que Affleck siempre ha demostrado ser más convincente cuando tiene  dar vida a alguien seguro de sí mismo que en los momentos en los que ha de mostrar fragilidad emocional. Ciertamente, el tono medido, contenido y casi limitado de su actuación habla de que el mismo como director era consciente del problema. Pero, como decía una amiga si te lo pide Ben haces lo que sea, y no se entiende que exista la crisis de duda y confianza que debe inspirar el solitario agente de la CIA al grupo de aterrados diplomáticos ocultos justo en el punto crítico de la trama, por mucho drama familiar que se apunte. El resto del reparto cumple bien su cometido, pero siempre dentro de una necesaria contención para no romper el equilibrio, no tanto para que Affleck brille más como para que el conjunto sea más sólido.
Una película muy peliculera
Si no fuera porque combina espionaje, suspense, política y humor, Argo podría catalogarse dentro del subgénero del cine dentro del cine. De hecho, el trasfondo de esta pintoresca peripecia parece una leyenda urbana de Hollywood, y de no ser porque ya se ha desclasificado la operación de la CIA en la que se inspira, parecería el invento de un guionista demasiado imaginativo. Al protagonista muy preocupado por la elaboración de un plan viable, se le encienden las lucecitas viendo por televisión una imagen de La conquista del planeta de los simios: se harán pasar, él y los ciudadanos a quienes debe rescatar, por el equipo de una película de ciencia ficción que busca localizaciones en Irán. Y el maquillador John Chambers, realmente ganador de un oscar por El planeta de los simios será, digámoslo así, su mentor.
No hay que reprocharle a Ben Affleck que Argo no tenga el rigor ni la fuerza de otros thrillers políticos como Todos los hombres del presidente, Network o Munich, películas de Alan J. Pakula , Sidney Lumet y Steven Spielberg que vienen fácilmente a la memoria en tanto que también evocan hechos reales relacionados con la política.  Pero Affleck solo se aproxima a esta historia con la muy loable intención de hacer un thriller canónico, más preocupado por la tensión narrativa y el suspense que por el realismo. El resultado es más elemental y fácil de digerir que aquellos thrillers setenteros de denuncia y desencanto hacia el sistema. Pero estamos ante un film lo bastante agudo en su mensaje y hábil en su confección como para dejar cierta huella propia.
No pocos hubieran apostado por una aproximación puramente dramática a una historia real. Lo que nos recuerda películas donde el humor era la tónica dominante hasta que se producía un giro dramático final que no terminaba de encajar del todo bien con el tono del resto de película como La Cortina de Humo‘ (Wag the dog, Barry Levinson, 1997), Evasión o Victoria o la misma La gran evasión.  Eso no sucede en ‘Argo’, donde Affleck sabe cómo mantener siempre en perspectiva el dramatismo del hecho real del que parte, jugar con los géneros que mejor se amolden a cada situación para que la película funcione al mismo tiempo como propuesta de corte artístico y singular entretenimiento para todo tipo de público. Propuesta gratamente cohesionada en su traviesa mezcla de intriga político procedimental, comedia de cine dentro del cine, e incluso drama familiar un poco empalagoso, en Argo funciona el suspense, la ironía e incluso, cuando toca, hasta la emoción.
Con este su tercer trabajo como director, Ben Afleck parece destinado a seguir a Clint Eastwood, Robert Redford o más recientemente George Clooney como galán con mejor reputación tras la cámara que frente a ella. El sobresaliente resultado final convierte a “Argo” en uno de los títulos del año con serias posibilidades a obtener nominaciones en los Oscars . Aunque esto último sería un reconocimiento adicional a su excelente acogida por parte del público y de la prensa especializada.
En definitiva, es el prototipo de muy buena película, que no se limita a una exposición académica de una singular historia real, sino que aborda otras posibilidades, desde el drama más evidente hasta el thriller, sin por ello obviar las cómicas del disparatado plan para salvar a los refugiados americanos. No es perfecta, pero sí una película con la que uno acaba pensando que su tiempo y dinero ha estado bien utilizado.
Argo
Título original: Argo  Año: 2012 País: Estados Unidos Duración: 120 minutos ; Estreno en España 26-10-2012; Estreno en USA: 12-10-2012
Director: Ben Affleck Reparto: Ben Affleck (Tony Mendez), Bryan Cranston (Jack O'Donnell), John Goodman (John Chambers), Alan Arkin (Lester Siegel), Michael Cassidy (Analista Jordan), Taylor Schilling, Kyle Chandler (Hamilton Jordan), Clea DuVall (Cora Lijek), Rory Cochrane (Lee Schatz), Tate Donovan (Bob Anders).
Guión: Chris Terrio, basado en un artículo Escape from Tehran de Joshuah Bearman.
Producción: George Clooney, Grant Heslov y David Klawans.
Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: William Goldenberg. Diseño de producción: Sharon Seymour. Vestuario: Jacqueline West. Productoras: GK Films, Smoke House y Warner Bros. Pictures. Distribución en España: Warner Bros. Pictures.
Web Oficial en español: www.argolapelicula-es.com
PREMIOS 2012: Festival de San Sebastián: Sección oficial (fuera de concurso) 2012: Festival de Toronto: Nominada al Premio del Público (Mejor película)
GÉNEROS: Thriller. Intriga. Drama. Comedia | Años 70. Cine histórico. Política. Terrorismo. Cine dentro del cine. Basado en hechos reales.