Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

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Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

jueves, 8 de noviembre de 2012

Homenaje a Agustín García Calvo



Libre te quiero


Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.


Agustín García Calvo


Disfruta de la versión de Amancio Prada



Tú, cuya mano 

Tú, cuya mano me ha bañado
de un fuego transparente las espaldas,
cuyos ojos en claros naufragios hundieron
algunos principios elementales de mi alma,
tú eres mi patria.

Tú, que no tienes apellido,
que no sé si eres pájaro o si alcándara,
que de todos tus brazos las letras de plomo
cayéndose han ido, como si fueran nueces vanas,
tú eres mis padres
y mi patria.

Tú, que ni tú te acuerdas dónde
tendiste a orear las nubes blancas,
que de tantos amores que tienes confundes
el nombre de todos los días de cada semana,
tú eres mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que tan dulcemente besas
que el cielo bocabajo se volcaba,
y que no se sabía de quién ya la lengua,
de quién la saliva, de puro sabrosa y templada,
tú eres mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Tú, que apacientas calaveras
por las praderas de la verde África
y a los rojos leones les echas de pasto
las rosas de leche de aquella luna de Sumatra,
tú eres mi ejército
y mis leyes
y mi Dios
y mis padres
y mi patria.

Eres mi ejército y mis leyes
y mi Dios y mis padres y mi patria,
y el ejército y Dios y las leyes y todas
las patrias y padres se creen que tú no eres nada:
que no eres nada.

Rabia ajena

Nada fuera de mí,
a excepción del enojo,
tiene un principio y un fin

determinado,
a excepción de la rabia,
que no es mía, ya lo digo, así desde el inicio,
como lo dicen en mi ciudad,

tan felices de la mañana

hasta la noche, mucho más felices, mucho más,

que no es mía, repito, porque aun más adentro

me nacen las ganas de morir,
y después de la rabia, mucho después, o no tan después,
sobresalta pensar que volverá de nuevo
la rabia o el enojo,
desde afuera, por supuesto,
fuera de mí, fuera de todos, vuelta a empezar,
vuelta y más vuelta, fuera, vuelta a empezar,
y así acaba todo.

Agustín García Calvo
¡Cuántas cosas...!

¡Cuántas cosas tendría que deciros,
si supiera quién hay tras de la puerta,
si pudiera contar lo que despierta
cada vez que se duermen mis sentidos!

Pero ya no me queda entre los giros
de los pasillos de esta vida muerta,
más que un polvillo de memoria incierta,
que no sé si en un soplo transmitiros.

Puede que alguno de vosotros sienta,
al oír lo que digo, que esa cuenta
ya la ha oído él sonar antaño.

Y tal es verdad. Yo aquí en la boca
siento que lo más mío me es extraño
y que en mí la razón se vuelve loca.


Agustín García Calvo era filólogo, lingüista, poeta, dramaturgo, traductor y pensador. Un maestro imprescindible entre los creadores contemporáneos. Fue catedrático de Latín en la UCM. Premio Nacional de Ensayo, Literatura dramática y Traducción. Excelente conversador ha seguido siempre en la brecha escribiendo y opinando sobre todo lo que inquieta al ciudadano. 

Fue apartado de su cátedra durante el  franquismo en 1965,  por apoyar  las protestas estudiantiles

Mis recuerdos de  ...

Me he emocionado tantas veces con sus poemas que prefiero no acordarme de cuando lo leí por primera vez, quizás a los 17 años. Luego se los he escuchado recitar a voz en cuello en recitales al aire libre o en la calle o sus ecos cuando lo recitaban otros.., en especial, a mi amigo Javier R., poeta nocherniego.  
Han sido tantas las veces donde sus versos me han acompañado que prefiero no recordar las gentes, los lugares y los momentos en los que los he sentido tan próximos. 
Algunos os los transcribo en esta mismas páginas. Otros los podéis encontrar: Poesía salvaje. o en sus maravillosos libros de la Editorial Lucina.  Libros

He sonreído, reído y disfrutado siempre con sus sonadas versiones rítmicas de los clásicos tanto en las páginas de sus libros o como en las tablas de la escena. 
Os recomiendo su versión de Las Bacantes de Eurípides. 
Recuerdo de una manera muy especial una representación de La Paz de Aristófanes  y otra de Los Carboneros en el Templo de Debod ¿en 1981, estaba estudiando COU?,  tan singularmente brillantes como desternillantemente procaces. Las traslación de los distintos dialectos del griego antiguo a los del español contemporáneo, tenían también su punto.

Fue un gran profesor de universidad y de Instituto por lo que siempre sintió especial debilidad por los jóvenes y sus inquietudes.
Os recomiendo un texto: Para Internet con destino a los estudiantes de Bachillerato y a sus profesores (2) y su utilización didáctica. De Viva Voz.
Por cierto, si queréis escuchar esa misma voz en directo. Podéis escuchar sus conferencias en La Fundación Juan March de 5 de Mayo de 1988: "Frase. Palabra. Fonemas y prosodia"

Puedo dar fe de su sorna y gracejo castellano en conferencias, charlas y coloquios. Recuerdo una de ellas en el Paraninfo del C.S.I.C. de la calle Serrano enormemente emotiva sobre el lenguaje y la función de la lengua. Y, por supuesto, he discutido mucho sobre su ortografía fonética y su defensa de que se escriba tal cual se habla. Ortografía

Y finalmente, y, ante todo, siempre he tenido como ejemplo su coraje político y su valentía en tiempos difíciles. 

Gracias por ser y estar cuando era necesario. Ahora que ya no está aún se le va a echar más de menos ya que como reza el famoso aforismo:

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. 
Hay otros que luchan un año y son mejores. 
Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles."