Escuela de pueblo en 1848 de Albert Anker (1896)

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viernes, 21 de noviembre de 2014

La globalización. Los dos mundos en una misma ciudad: Bombay

Se dice que la globalización avanza para homogeneizar el mundo y estandarizar las sociedades, de forma que no encontremos diferencias entre la gente que vive en París y los que viven en Kuala-Lumpur. Esto puede ser el resultado, ciertamente, de una globalización cultural, pero en lo que respecta a la globalización económica (la más importante), la realidad demuestra que, más que homogeneizar sociedades, lo que está consiguiendo la globalización es agrandar las diferencias sociales.
En un mundo urbano como el actual, la mejor muestra para analizar la sociedad es la ciudad. Y como la globalización ha afectado con mayor impacto al mundo en desarrollo, son las grandes ciudades del Sur los espacios que mejor reflejan los efectos negativos de este proceso global. Un claro ejemplo lo encontramos en Bombay (Mumbai), la ciudad más poblada de la India, que será pronto el país más poblado del mundo.
Con un área metropolitana de más de 21 millones de habitantes, Bombay es una ciudad donde la riqueza y la pobreza conviven casi de forma natural. Es un centro financiero, tecnológico, empresarial y económico que intenta hacerse un hueco en los circuitos mundiales. De hecho los estudios apuntan a que en la actualidad ya es una ciudad global. Una ciudad global en la que viven algunas de las personas más ricas de Asia, como Mukesh Ambani, con una fortuna de 27.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el 60% de los habitantes de Bombay viven en situación de pobreza extrema, sin acceso a agua corriente, luz o gas. Más que habitantes, son supervivientes. Es normal ver a niños recolectando basura de los vertederos que se forman dentro de los barrios más pobres. La gran mayoría de la población vive en barriadas informales, en los llamados slums, donde no hay ningún tipo de servicio público.
En Bombay encontramos los dos males que ha engendrado la globalización: el crecimiento económico que reporta grandes beneficios a una minoría y la exclusión social de aquellos que no poseen otra cosa que sus manos para trabajar. Por ello, relacionado directamente con estas dos realidades, en Bombay podemos encontrar al mismo tiempo la casa más cara y la casa más pobre del mundo.

La casa más cara del mundo

La globalización ha permitido que un vecino de Bombay pueda tener 168 coches de lujo y una piscina en el interior de su casa. Eso era impensable hace cincuenta años. Debemos celebrar que el crecimiento económico y la economía de mercado hayan llegado a todos los rincones del mundo y hayan permitido prosperar a (algunas) personas.
En el periodo 2007-2011 el número de multimillonarios en Bombay aumentó un 57%. Actualmente ya son 557 las personas que en esta ciudad disfrutan de una fortuna billonaria. Bombay lidera el ránking, muy por delante de la segunda ciudad india con más multimillonarios (Delhi, con 147).
La zona Sur de Bombay es donde viven las personas más ricas y donde se encuentran las sedes de las grandes empresas. Allí, el hombre más rico de la India, Mukesh Ambani, accionista principal del grupo Reliance Industries, se ha gastado alrededor de 1.000 millones de dólares en su nueva casa, la Torre Antilia.


Hacer un repaso de las comodidades que ofrece este edificio es profundizar en los efectos de la globalización aplicada en países subdesarrollados: gimnasio privado, jardines, piscina, helipuertos, teatro… todo tipo de lujo para una casa de 27 pisos de altura. Lujos que sorprende encontrar en una de las ciudades con más pobreza del mundo. Aunque realmente no ha de sorprender, pues no se puede entender la existencia de un gimnasio privado dentro de una casa particular sin tener en cuenta que el 60% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. El gimnasio privado y la población empobrecida están directamente relacionados y se necesitan mutuamente para existir.
La casa más pobre del mundo

Para encontrar algunos de los hogares más empobrecidos del mundo no hace falta alejarse mucho de la Torre Atilia. Pocos kilómetros al norte de la residencia del Sr. Ambani se encuentra la barriada de Dharavi, el slum más grande de Asia.
Los slums, conocidos como favelas en Brasil, son asentamientos informales donde se hacina población empobrecida. Estos espacios urbanos carecen de servicios y de planificación. Las viviendas son de autoconstrucción y no hay seguridad alguna. El aspecto de Dharavi es el siguiente:



Muy diferente a la fotografía del barrio donde se encuentra la Torre Antilia, y sin embargo estamos hablando de la misma ciudad. Muchos comienzan a referirse a Bombay como “Slumbai”, por la gran cantidad de barriadas informales que hay. Según el Banco Mundial, el 54% de la población de esta ciudad vive en slums, y en el año 2025 serán más de 22 millones las personas que habiten estos espacios marginales en Bombay.
Se calcula que cada día llegan a Bombay entre 100 y 200 nuevas familias procedentes del ámbito rural. Este acelerado crecimiento demográfico dificulta la ordenación del espacio urbano y la correcta distribución y atención de la población. Las autoridades quedan desbordadas y la gente no tiene otra opción que “buscarse la vida”, es decir, construirse su propia vivienda, proveerse de seguridad, aceptar cualquier trabajo a cualquier precio…
En la barriada de Dharavi los sueldos pueden llegar hasta las 185 rupias (menos de 2 dólares al mes), una cantidad claramente insuficiente para vivir dignamente. Mientras que en las mansiones del Sur de Bombay pueden llegar a consumirse 500.000 litros de agua al mes, la población de muchos slums sólo reciben agua durante una hora y media para satisfacer las necesidades básicas.


Con este breve ejemplo de la ciudad de Bombay hemos podido comprobar que la globalización ha extendido el progreso y el crecimiento por todo el mundo, pero ha sido un proceso enormemente desigual. Especialmente en los países del Sur, la globalización ha generado a la vez mucha riqueza y extrema pobreza. Por ello, encontramos que la casa más cara del mundo está en el país con más pobres del mundo. Y no es casualidad.